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martes, 14 de febrero de 2012

¿Quién era el pobre el día de San Valentín?


                    Sabía que podía con esa planta, aunque era muy grande e imposible y me quedaron las manos pegajosas de una especie de sabia melosa. Mientras podaba me acordaba que era el día de San Valentín. No sé por qué razón en mi mente se asociaron la tijera de podar con ese tema... o sí se, ja, ja. Lo cierto es que mientras pensaba, vi un carro que lentamente atraía mi atención. 
Era una pareja con un chiquito dormido en brazos. Los dos traían el cansancio de una vida en el rostro que se combinaba con el agobio del calor, la ropa en buen estado pero sucia y una parva de cartones. Inconscientemente pensé: "no son chorros, son pobres". Porque cuando uno deja la puerta abierta, hoy en día, está con una especie de radar detectachorros. Pero había algo que no me permitía dejar de ver la escena. Ella parecía estar descansando atenta, miraba todo disfrutando como de un  paisaje. El le dirigió una mirada sin que ella lo advirtiera y detuvo el carro. Yo pensé que iba a buscar algo que le interesaba, cosas, de esas que llevan los cartoneros para después vender. El muchacho, que no la superaba mucho en edad, bajó del carro, cortó una flor de un arbolito que estaba en la vereda y se la dio y luego le acarició el pelo. Ella lo miró, sonrió y siguieron viaje. La historia se dio vuelta de pronto, ellos llevaban un tesoro en el carro...
                                                                                 Olga I.


 



5 comentarios:

STARLIGHT dijo...

Muy cierto, muchas veces no apreciamos los tesoros que tenemos hasta que muchas veces estos nos son quitados, que bonito relato, todo un gusto leerte

Isabel Alvarez dijo...

Que historia tan bella, ha sido un placer leerte. Un abrazo.

Rosa.E dijo...

Olga, bonita historia. ¡¡¡Feliz día de San Valentin!!!
Un abrazo

Noris Capin dijo...

Encantado relato, los tesoros de la vida lo tenemos todos los dias.
Un gusto leerte, un abrazo.

Humberto Dib dijo...

Acá estoy, mi querida amiga, te pido perdón por mi inconstancia, pero son muchos amigos, ¡¡no llego!!

Una historia que, lamentablemente por vivir en Buenos Aires, me llega de cerca.
Ojalá todas terminaran así, ojalá fueran tan esperanzadoras.
Un beso enorme.
HD

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